El freno está en nuestra mente, vive la emoción de dar cada día pequeños pasos, te sorprenderá la alegría que se siente

Aunque cueste, ¡si se puede dar el siguiente paso!

Los seres humanos somos extremos, si como lo lees, somos extremos; llegamos a los 60 y hay de tres, estamos en la ansiada jubilación, si es que dejamos una empresa, o si somos trabajadores independientes, vivimos a un ritmo agotador, o ¡entramos en pánico y nos paralizamos!

Decimos “ahora si voy a hacer lo que he querido desde hace muchos años”. Nos da, en el mejor de los casos, por ejercitarnos y buscamos un entrenador, o nos ponemos a viajar si tenemos los recursos, o nos convertimos en abuelos gozando las mieles de dejar que los nietos hagan lo que se les dé la gana, o nos da por hacernos las grandes preguntas de la vida y ahí nos tienen bajando la aplicación que se nos haga más fácil para dar respuesta a tan importantes cuestionamientos; es decir, le damos a la meditación.

Les confieso que a mí me ha costado trabajo, no tanto dar el siguiente paso, porque de ello estoy convencida, sino como hacerlo; pero hoy estoy convencida que veo un camino claro hacia adelante y he tomado el riesgo, no de hacer “lo que siempre quise”, sino de hacer para lo cual descubrí que soy muy buena, sumando la experiencia y mis ganas de seguir creando; lo que me alimenta la vida y me divierte día a día.

Ahí les va.

Mirarse a uno mismo

 Un día sin yo buscarlo conscientemente, me llegó la oportunidad, por recomendación de una persona que seguramente me había “mirado”, de acompañar a jóvenes de universidad a través de mentorías personales para que después de un tiempo, pudieran desarrollar su proyecto de vida profesional y personal.

Como a cierta edad creemos tener muy clara nuestra vida, pero la verdad es que somos bastante acartonados, mi respuesta fue “pues gracias, pero soy comunicóloga, publirrelacionista y periodista; no soy psicóloga o filósofa, ni trato temas de religión…” ¿así o más contenida la Clau? (así me dicen también los amigos de mi hija…Clau)

Pues que acepto, y después de un tiempo de capacitación, trabajo con jóvenes y adultos; descubrí que, para la mayoría de las personas, para seguir adelante después de los 60 o ante situaciones que nos marcan y tomar decisiones mucho más acertadas, hay que mirarse a uno mismo.

Si, mirarnos personalmente. Lo pedimos a gritos. Por eso estamos con los libros de autoayuda, en conferencias, cursos, meditaciones, terapias, viajes con amigas; y todo eso está muy bien, pero no nos lleva muchas veces a mirarnos a nosotros mismos y a todo lo que nos rodea.

¿Qué hago conmigo, con todo lo que soy?

 Claro, te empiezas a mirar y viene la caída de veintes; entiendes muchas cosas; unas te van a gustar, otras no; dejas de echarle la culpa a otros de lo que te pasa, ya no pones en sus manos la enorme responsabilidad de tu felicidad y te das cuenta de lo “grande” que eres como persona, entre otras cosas.

Viene entonces la pregunta, ¿Qué hago conmigo, con lo que soy, con el camino andado, las experiencias? y muy importante, ¿Qué hago con el tiempo que me queda? que, además, ¡no sé cuánto es!!!!

¡Que miedo y frustración!

Entonces, viene el “momento de sacar la casta” y no refiriéndose como era anteriormente, a una cuestión de clase social o linaje, sino de comprender como somos, lo que nos conforma y respetándonos profundamente, darle para adelante en la búsqueda de nuestra realización personal.

Nadie lo va a hacer por nosotros, cada quién tiene que ver por su propia vida, si quiere ser pleno y dar lo mejor de sí a los demás.

Acciones para dar el paso y empezar a andar el camino

 Escuchar la voz interior, porque sí la tenemos. Seguramente les ha pasado muchas veces, que las situaciones y los demás nos dicen una cosa, pero hay una idea que tenemos en la mente, aunque tengamos dudas, pues esa idea es ¡la voz interior!

Observarnos, como nos sentimos y lo que pensamos ante momentos o personas. Aceptar que tenemos miedos e inseguridades y entender de dónde vienen.

Y ¿así nos vamos a quedar? ¡que poco amor y respeto nos tenemos!

Hacer ajustes, como podemos engañar al mundo entero, pero…no a nosotros, entonces empezar a hacer pequeños ajustes.

En mi caso, fue no opinar de todo y todos, escuchar más en las conversaciones, no querer tener siempre la razón, decirme a mí misma que cada persona tiene su propia forma de sentir y pensar, no contrariarme, no sentir que todo era personal conmigo ¡que ego!, y a mantener la boca cerrada cuando mi comentario no iba a sumar a los demás.

Seguro están pensando, ¡sí que fácil! Claro que no es fácil, pero hay que intentarlo y practicar.

Así empecé a cambiar; respetando y amando 60 años de mi vida, entendiendo como fue mi educación, mi cultura, los diferentes momentos sociales que he vivido; como fueron mis abuelos y lo que les tocó vivir, quiénes fueron papá, mamá y como son mis hermanos. También mirando mi historia, las decisiones que he tomado; no podía desecharlas, más bien honrarlas, sumarlas y ver que son mi base para lo que viene y estoy construyendo, porque hasta el último día de mi vida voy a leer, pensar, caminar, crear; porque soy responsable de mí y de nadie más.

En la vida siempre, siempre, siempre, se puede seguir adelante, se puede dar el siguiente paso. No les digo, no tengan miedo, no se paralicen; mejor acéptenlo, porque en el momento que lo aceptamos, lo podemos manejar.

Pregúntense, escúchense, dense tiempo a ustedes mismos; nada de lo externo saldrá bien, si nosotros no estamos bien.

Ustedes, ¿quieren dar el siguiente paso? ¿ya lo dieron? cuéntenme, me encanta leerlos.

1 comentario en “El freno está en nuestra mente, vive la emoción de dar cada día pequeños pasos, te sorprenderá la alegría que se siente”

  1. Cuñada, que maravilla leerte! No cabe duda que en ocasiones, cuando estas haciendo algo por ti, me refiero a trabajar en ti, nos llegan señales, personas, etc. que tienen mucho que ver con lo que necesitamos y estamos haciendo.

    Me gusta saber que tengo a alguien que me puede ayudar muchísimo!

    Si, te confieso que he estado perdida en mi vida, por una u otra cosa, por las cosas que he pasado, por las decisiones buenas o malas que he tomado, sin embargo aquí estoy, trabajando más en mi, aún me falta mucho, estoy aprendiendo a sentirme y observarme, saber quien soy, ha decidir y hacer lo que realmente quiero y no lo que DEBO, no es fácil, porque estoy acostumbrada a vivir de cierta manera y uno actúa inconsciente… Esto es lo que estoy aprendiendo a observar, de igual forma cambiar mis palabras, observar como las digo, y por qué no, detenerme y volver a expresarlo de otra manera.

    Mi querida Clau, me llegaste como anillo al dedo, te confieso que estoy pasando por un momento difícil en mi vida, por estos grandes cambios que quiero y necesito hacer, sólo que estoy aprendiendo el COMO.

    Ya tendremos oportunidad de conversar.

    De verdad, me da mucha alegría tu gran proyecto, está padrísimo!

    Te deseo mucho éxito.

    Te mando un gran abrazo con mucho cariño.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio