Les cuento que de pequeña quería ser artista: bailaba y cantaba frente a los espejos de la casa usando el cepillo de cabello como micrófono. Me veía siendo famosa, recibiendo flashazos en cada aparición pública, rodeada de aduladores, siendo una estrella inalcanzable para otros, en fin, viviendo el aplauso continuo.
Cuando llegó el momento de decidir qué estudiar como carrera profesional (decisión que, por cierto, uno toma en la peor edad y sin tener, en algunos casos, idea de lo que nos gusta y para qué hemos desarrollado capacidades y habilidades) en la evaluación vocacional que me aplicaron, salí buena para Psicología, Comunicación, Derecho y Actuación. Acto seguido llegué a casa y le dije a mis papás con toda honestidad que quería ser actriz. La respuesta fue amorosa pero clara, “primero ten un título universitario y luego haces lo que quieras”. A decir verdad, no me molestó, y más bien me hizo sentido, porque además en esos instantes me consideraba incapaz de mostrar, no solamente “cómo era”, sino también de expresar intuitivamente “quién era”. Sabía en mi ser lo que significan esas nociones, pero aún no con claridad racional.
Decidí estudiar Ciencias de la Comunicación porque dicha carrera estaba relacionado con la visión que tenía de vida. Finalmente no me desarrollé como actriz, aunque hubo algunas acciones y momentos que me acercaron a ello. Sin embargo he tenido una fructífera carrera como comunicadora en los medios de información, y en empresas y organizaciones, que me ha traído enormes satisfacciones y atendió mis sueños adolescentes: Ser figura pública y famosa en su momento.
Ya platicaremos de ello.
Todo llega cuando estamos listos para recibirlo
Personalmente, no sé si hoy, a mis 61 años, ha llegado lo que “es para mí” a nivel profesional; pienso que todo lo que vivido laboralmente, ha sido “para mí” porque es fruto de mis decisiones; pero muchas personas, incluso en mi familia me han dicho que no deje lo que se me ha presentado últimamente en la vida; esto es, la actuación.
Como lo están leyendo, estoy actuando. Estoy haciendo teatro. Entre otras cosas por el simple gusto de hacerlo… y lo más importante, porque me he mirado a mi misma y me quiero demostrar que soy capaz de hacerlo; de mostrarme como soy y quién soy, sin pena ni miedo y dejar salir lo que hay dentro de mí.
Estoy lista para recibir y lista para darme.
Quienes somos
Si alguna pregunta nos hace dar traspiés, es cuando alguien nos cuestiona ¿quiénes somos? No estamos acostumbrados a responder algo así porque ni siquiera nos lo cuestionamos; no nos hemos dado la oportunidad de conocernos a nosotros mismos, es decir, no sabemos cuáles son nuestras fortalezas, nuestras debilidades, nuestras oportunidades y nuestras amenazas.
Partiendo del hecho de que las fortalezas y debilidades son internas, y las oportunidades y amenazas son externas; podemos llegar a conclusiones más rápidas y nítidas acerca de cómo somos.
Si conocemos esta información, seremos capaces de apoyarnos en las fuerzas y conveniencias, y manejar nuestras blanduras de carácter, así como lo que del exterior no nos ayuda.
Mirar las oportunidades
Alguna vez escuché la idea de que “las oportunidades no siempre están a la vuelta de la esquina”; y estoy convencida de que esto no es verdad: “las oportunidades sí están a la vuelta de la esquina”, pero hay que estar abierta o abierto a mirarlas. Seguramente se estarán preguntando y ¿cómo miro o detecto las oportunidades? Pues otra vez, estando abiertos a recibirlas y no esperando con ansiedad o desde el concepto de carencia, a que sucedan, porque entonces nunca las vamos a mirar aunque estén frente a nosotros.
El “para qué”
Una oportunidad, es una posibilidad; sí, una posibilidad de aprender, de hacer algo que nos falta, de arreglar, de crecer, de ser mejores personas, de sentirnos bien, de trabajar, de amar. Una oportunidad es un “para qué”.
Generalmente vamos por la vida preguntándonos “¿por qué?”, cuando la pregunta es “¿para qué?”; ¿para qué me esta pasando esto o aquello? Esto es hablar en futuro, y el por qué es hablar en pasado.
Ahora bien, si nos conocemos como somos; vamos a echar mano de nuestras fortalezas y oportunidades, nos alejaremos de las amenazas y conviviremos con las debilidades.
Entonces, lo que es para uno, es para uno y lo que va a llegar…va a llegar
Hace un par de años, un conocido me dijo, que todo lo que me estaba ocurriendo era porque estaba cerrando ciclos en mi vida y que ahora sí iba a hacer lo que realmente tenía que hacer laboralmente hablando; ¿será hacer teatro, ser actriz? No lo sé, de lo que sí estoy segura es que tengo importantes fortalezas como el trabajo, la tenacidad, la experiencia de vida, la creatividad, el carisma, la vitalidad, la intuición hacia los demás y la comunicación, entre otras. Continúo en la atención a mis debilidades, pero ya no me peleo con mi des-organización, con la impaciencia, con el querer tener siempre la razón, con el miedo a la incertidumbre, etc. Soy consciente de estas y otras características, pero las he aprendido, en la mayoría de los casos, a controlar.
Hoy estoy segura que debemos escuchar la voz interior que todos tenemos, la cual lucha por hacerse presente… pero somos muy hábiles para intentar callarla o creer que la engañamos , como a veces creemos que engañamos a todos los demás.
Dense un minuto para pensar…vivimos contra el tiempo, con miedo a conocernos, sin pensar cómo lo vivido nos ha sumado en experiencia, cumpliendo con todo y con todos, sin mirar las oportunidades que llegan.
Un día mi hija me dijo, “me acabo de dar cuenta que algunos de los sueños que he tenido desde niña, se están cumpliendo y no estoy poniendo atención ni agradeciendo; estoy pensando en el futuro y no veo que estoy cumpliendo los sueños que me tocan ahora”; así vamos, esperando oportunidades que ya nos llegaron y no las estamos viviendo ni aprendiendo de ellas.
Lo que nos toca vivir, lo vamos a vivir, pero tenemos que conocernos y ejercitarnos en mirar a nuestro alrededor; nosotros construimos nuestra vida, debemos prepararnos para tomar las oportunidades y aprovecharlas. Muchas veces no sabemos “para qué” de pronto nos pasa tal o cual situación, y hay que entender que lo que nos sucede, sin duda, tiene un sentido y un área de crecimiento.
Cuéntenme, ¿alguna vez los ha alcanzado su destino?
Los leo…

Amé tu escrito y recordé a mi abuelo : hay que estar preparados para cuando la oportunidad llegue , decía.
Entre más años tengo creo lo que tú crees, que las oportunidades están a la vuelta de la esquina y que lo que tú pienses lo que tú creas, y lo que tú hagas, es al final lo que te lleva a forjar tu destino a través de esas oportunidades, eventos, personas y situaciones.
Me encantó tu escrito !!!
gracias por compartirlo
Hola Claudia, gracias por escribirme y comenzar a acompañarnos.
Entiendo que cuando una persona dice, es que no hay oportunidades, es resultado de experiencias de vida personales; pero ante esto, esta la oportunidad, valga decirlo así, de aprender a ver las cosas y a las personas de otra manera, eso nos llevará a ver las oportunidades donde parece que no las hay.
Una idea es aprender a hacer las cosas de otra manera y darnos cuenta que cada acción que hagamos suma o resta para hacer realidad las oportunidades.
Abrazo!!!